Créditos de imagen: Imelda Arboleda Por: Ferchijote Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha sentido que existen fuerzas invisibles que lo rodean, lo afectan, lo protegen o lo amenazan. Entre esas presencias, las brujas ocupan un lugar especial, no solo por la fascinación que despiertan en la literatura y el cine, sino por la persistencia de su figura en la vida cotidiana de pueblos, barrios y comunidades que, a pesar del avance tecnológico, siguen creyendo en el poder de lo invisible. La bruja, como figura cultural, ha mutado a lo largo de los siglos. En algunas culturas es una mujer sabia, sanadora, conocedora de las plantas, los ciclos de la luna y los secretos del cuerpo. En otras, es una presencia oscura, asociada a maleficios, enfermedades o conflictos. Esta ambivalencia tiene raíces profundas que mezclan historia, religión, política y miedo. Crónica de una sospecha Recuerdo un testimonio recogido en las lomas de Nariño, en una vereda campesina donde una mujer, doña Mar...
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